Ser y no ser artivista - Hekatherina Clara Delgado
Ser y no ser artivista
Hekatherina Clara Delgado
Que buen culo que tiene esa performer.
Lo interesante son las tetas de las performers.
Es fácil ser buena directora si tenés esas tetas.
Para mi lo mejor que hacés es el casting porque están todas buenas.
Vas a aparecer tirada en una zanja, cuidate, deja de hacer esas cosas.
Vos te hacés respetar, sos muy masculina, está bueno eso.
Que bueno que no se armó quilombo en el equipo, son demasiadas mujeres.
Te felicito, hablaste bien, no dijiste esas boludeces de minita.
Eso que hacés es muy de minita.
Por más que estás re loca, te luciste.
Vos no podés llegar a ningún lugar de toma de decisiones porque sos muy loca.
Vos no podés estudiar eso porque es para otra clase social.
No podés traer a tu madre acá, no va a entender nada.
¿Y cuánto cobrás?
¿Y por qué en vez de quejarte no changas y listo? Es más fácil.
Dejá de quejarte, eso que vos hacés no es arte.
Dejá de quejarte, eso que vos hacés no vale nada.
Dejá de quejarte, eso que vos hacés no vale guita.
Dejá de quejarte, nadie te va a regalar nada porque seas minita.
No sé por qué hacés eso, en vez de casarte de una vez y tener hijos.
Las minitas de las campanas parecen unos soretes blancos.
Estas feminazis que insultan a Cristo son resabios de Salem.
Tus obras no me representan, hay que demostrar que sos buena.
Deberías haber aprendido algo de tu ex novio.
Deberías ser cómo es él, es más negociador, es más político.
¿Vos hacés performance porque tu ex hace teatro?
Vos no sos dramaturga hasta que te estrenen, no importa lo que escribas.
Eso no es ficción poética, eso es otra cosa, por algo acá no lo publican.
Sos muy buena actriz pero con tu altura no vas a trabajar nunca.
Sos muy buena actriz pero no estudiaste en la Emad, no vas a trabajar nunca.
Pasa que si no pagás para hacer la escuela de la institución no podés formar parte del elenco.
Pasa que para programar en un espacio oficial tenés que tener cuña, viste como es.
Pasa que el lobby es bravo, a las minitas les sirve cuando se cogen a alguien, vos sabés.
Esto lo lograste porque estás buena, sino nadie te daría bola con esa estupidez.
¿Por qué te teñiste el pelo así? Ese color es de cante, eso te caga la obra.
Para mi estás re loca, me da igual lo que hagas.
Vos hacés performance por eso nunca vas a dirigir en el teatro, no van a confiar en vos.
¿Por qué no te dedicas al teatro de texto y te dejas de joder con eso de la calle?
Si querés hacer teatro, hacelo a pulmón, el Estado no tiene por qué darles nada.
Pasa que viste, los concursos suelen tener preferidos y vos no tenés a nadie ahí.
No entiendo por qué te metés con la Iglesia con todo lo que hacen por los pobres.
Vos sos resentida por eso te quejas tanto.
Sos una pelotuda, no podés hablar mal del Estado en este contexto.
Sos muy boba, eso no es maltrato, son sus formas, él es así.
Sos muy boba, eso no es maltrato, sos sus formas, ella es así.
Sos una imbécil, jodete si te boludean, vos te exponés sola.
Deberías aprender a callarte, seguro mudita sos mejor.
Deberías ser seria como los politólogos de la tele, eso que hacés es cualquier cosa.
¿Pensaste que ibas a joder en la calle y el Estado no iba a hacer nada?
No entiendo por qué la Junta declara de interés esa obra, esas feminazis son peligrosas.
Vas a ver, así empezás y dentro de poco te desaparecen, después a llorar al cuartito. Yo que vos me quedo quieta.
¿Con cuántos te acostate para salir en la tele?
Vos seguro que sos torta, sino no harías esas cosas en la calle.
Vos seguro que sos torta, seguro que te cogiste alguna de las pibas de la obra.
¿Y cuándo vas a hacer teatro así te puedo ver en tetas?
Vos no actúas en teatro porque te hacés la fifi, tenés que agarrar cualquier personaje y dejar que el director te lleve a donde él quiera, no importa lo que diga el texto.
Si aceptaste la reunión es porque querías coger, sino no te entiendo.
Si aceptaste el casting era porque querías mostrarte, ahora banca, nena, deja de hacerte la estrella.
Dale, caminá para allá, levantá un poco más la cola así puedo ver cómo te queda el personaje.
Dejen que hable la nena que sino se queja.
Dejen que hable que sino es machismo.
No sé cómo hacés para trabajar con tantas mujeres, debe ser re jodido.
¿Vos creaste esa obra sola?
¿Vos dirigís sola?
¿Vos dirigís sola a tanta gente?
Vos estás loca, no podés dirigir gente.
Lo que pasa que eso que vos hacés no necesita dinero.
¿Qué sabés vos del Estado? Las minas se creen que porque estudian una carrera pueden opinar.
Vos no podés hablar de las elecciones porque para eso es mejor un politólogo, dan más serios.
Jodete, vos decidiste hacer eso en la puerta de la Iglesia, ellos te pueden decir cualquier cosa.
¿Pensás que si no estuvieras buena te habrían publicado esos artículos?
No me hables como mina, hablame normal que no te entiendo.
Ay, eso del patriarcado es demode, no podemos pensar en eso en el campo del arte, es vetusto.
Me gusta tu pelo porque es como de hombre.
Pasa que vos sos muy feminista, eso genera rechazo en la gente que te puede dar laburo.
Sos una ultra, a veces pareces trotska.
Para mi sos demasiado intensa y a la gente eso le da miedo, tenés que bajar un poco.
Yo no entiendo por qué no te dedicas a trabajar y te dejas de joder con eso del feminismo.
Señora, la estoy llamando del ministerio del interior, ¿por qué va a hacer su obra?
Señora, soy de inteligencia, me mandaron para cuidarla.
¿Vos pretendés vivir del arte?
¿Soy “artivista”? Si y no. Crecí en las fronteras y eso hace a mi identidad.
Las barreras que sostenemos como sociedad frente a la alteridad y la expresión de sensibilidades diversas, hacen que mis prácticas artísticas y políticas se confundan y, en primera instancia, está bien que sea así.
Sin embargo, no sería sólo “artivista”. Investigo la dimensión trágica de la ética y el dilema de la ley. Mi prácticas artísticas devienen-obras que exponen mi postura filosófica frente a la realidad que nos rodea. Pero, ¿qué implica investigar en ética? Acabo de recordar a Ofelia.
Para empezar, investigar en ética refiere a preguntarse sobre la política de la intimidad y su relación con el bien y el mal en un momento histórico. Si me lo pregunto a propósito de la subjetividad contemporánea en el registro de la escritura filosófica, es porque efectivamente vivo según una ética bastante dolorosa que implica destituir las posibilidades del pensamiento religioso y dar lugar a la creación de formas de existencia cercanas a mi consideración acerca de la noción de libertad.
Noción de libertad lejana al canon académico y que se despliega en múltiples registros de escritura. Noción de libertad que habita e irrumpe en la dramaturgia de la ciudad.
A lo que me refiero, es que la práctica artística que me interesa crear es aquella que viene a tomar distancia y desmontar las ópticas de los privilegios del patriarcado-tecnocapitalista contemporáneo. Ópticas que nos atraviesan a todas. Es decir, una serie de dispositivos de vigilancia y violencia normativa y meritocrática que se sostienen en la impunidad de la administración ejercida por los gobiernos mediante el disciplinamiento y control del aparato estatal. Se sostiene también en la aplicación de la legislación internacional, el poder económico de las corporaciones nacionales, regionales y transnacionales, el poder simbólico de la comunicación global, los intereses imperialistas-facistoides y el miedo infundido por las organizaciones narco y paramilitares.
Este entramado de violencia se anuda en los discursos religioso, jurídico y técnico ya que la lógica de la evidencia empírica -cara al siglo VII- es la que prima por sobre cualquier otro tipo de forma y expresión del pensamiento y la reflexión.
Y todo eso me corroe la carne.
Todo eso pesa sobre mi subjetividad y afecta mi corporalidad blanca de mujer queer que estoy sosteniendo y que según los campos se titula: “politóloga”, “escritora”, “investigadora”, “teórica política”, “filósofa”, “becaria doctoral”, “actriz”, “performer”, “dramaturga”, “directora”, “artista sonora”, “artista visual”, “artivista”.
¿Entonces desde dónde pensar si soy o no artivista?
Preferiría no hablar de mis prácticas artísticas ya que escribo y se puede leer sobre ellas. Aún así, tampoco sé muy bien qué es lo que hago o qué caracteriza a mis prácticas ya que es uno de los lugares de disfrute de mi caos existencial y sus derivas son imposibles de contener en una palabra.
Pero comprendo la inquietud y por dónde puede venir la intuición de nombrarme “artivista”.
No emito un juicio de valor sobre la categoría “artivista”, simplemente, prefiero problematizarla.
En primer lugar, no se espera que una mujer pobre, de un barrio periférico, que creció en la frontera y discute siempre cualquier tipo de “género”, vaya a ser otra cosa que algo “social” o “popular”. Muchas veces las personas piensan que mis prácticas son improvisadas, que carecen de la rigurosidad y tampoco entienden por qué no me interesa si las personas con las que trabajo tienen o no formación artística académica. Muchas veces me ofrecen llevarlas adelante sin ningún dinero en nombre de la mirada romántica del “amor al arte”. Me molesta mucho el romanticismo, tanto como lo barroco. Muchas veces me insultan por lo que hago. Y muchas veces es arte si lo hace un hombre y es feminismo o artivismo si lo hace una mujer. Más aún si es públicamente feminista.
A nadie se le ocurre pensar que estudio, investigo, actúo y soy capaz de denunciar, hablar, escribir y crear sobre la realidad política que vivo. El hecho de que sea activista feminista, que piense y que también haga artes, es demasiado. Es una cosa u otra. Suelo recibir malmaditas en la espalda por mis “logros académicos” en base a mi “sacrificio”, cuando en realidad poca personas conocen y comprenden el real impacto político de mis prácticas artísticas en las subjetividades de las personas que las llevan adelante. Ahí es donde entra el problema de la ética. Si yo dirijo como deseo que me dirijan, la creación deviene y la ilusión del control se interrumpe porque el caos y el azar son parte de la praxis.
Incluso al campo académico extranjero le parece destacable, beca mis estudios doctorales y me ofrece trabajo. Pero en mi país ese reconocimiento no sucede, tengo un trabajo precario que no me hace bien y sostengo por cuestiones económicas. Resuena la frase: “acá no se vive del arte”. Entonces debo pensar que aquello que en mi país hoy se ve de una manera en otros lugares se comprende y reconoce de otra forma.
Las etiquetas, es decir, los géneros, son las formas estéticas que toma un campo para describir y acotar aquellas prácticas que no terminan de comprender pero que, necesariamente, desean nombrar. Así se institucionaliza una forma y se vuelve objeto de valor de cambio en un mercado. Mañana podríamos participar de un festival de artivismo, hacer concursos con competencias e incluso seguir sosteniendo el discurso snob y elitista. De hecho hoy estamos en un simposio que, por las cuestiones que ya expresé, dificulto que tenga la resonancia política que merecen todas aquellas mujeres que han teatralizado alguna dimensión de su existencia e intentaron hacer públicas sus formas de crear otros mundos posibles.
Algo que aconteció de manera irreverente, justamente, por su valor de uso, no necesariamente puede ni debe cristalizarse en una categoría. La soberbia de las palabras siempre acota los sentidos.
Permitir que el campo académico avasalle tanto nuestras prácticas artísticas es fetichizar aquello que deberíamos dejar libre y nombrar poco.
¿Qué importa si yo hago tal o cual cosa?
¿Qué me importan los géneros?
Mis prácticas artísticas se hacen en espacios cerrados. Si.
Mis prácticas artísticas irrumpen en la calle. Si.
La dramaturgia de la ciudad se pueden escribir de otra manera. Si.
El gobierno es gobierno porque nos oprime. Si.
Híbrido lenguajes artísticos para despellejar aquellos espacios que son cómodos de habitar. Investigo la política de mi intimidad y la expongo en el espacio público dejando de hacer lo que esperan que haga, dejando de hacer lo que debería. Vengo a un simposio para decir lo que quiero y pensar, si deseara adaptarme a las consignas iría a una comisaría.
Soy mujer y por eso no me pagan lo que corresponde por lo que hago.
Nunca el amo paga lo que corresponde porque sino dejaría de ser amo.
¿La crítica -por comodidad- prefiere nombrar de esa manera para evitar problematizar sus propios privilegios de casta letrada que estructuran la desigualdad que nos rodea?
Quizá, depende de quién haga la crítica, de dónde se sitúe y de los intereses políticos del gobierno de turno al que eventualmente responde.
Entiendo que hago una práctica artística caótica, nómada y en manada. Encasillarla es igual de peligroso que censurarla porque se trata de una praxis cuya acontecimientalidad se encuentra en disputa frente al aplastamiento de las formas técnicas que totalizan y precarizan la cultura y el conocimiento.
¿Por qué? Porque, justamente, las formas materiales y simbólicas con las que despliego mi sensibilidad no tienen que ver con instalar tal o cual tema en el debate público. Mi objetivo no es “crear agenda política”, no es “usar el arte como herramienta del activismo”. Es todo lo contrario, es dejar de hacer, dejar de repetir y legitimar aquello que oprime.
Si, lo primero que me interesa al crear soy yo.
Si, lo primero que me interesa es vivir del arte.
Si lo primero que me interesa es que todas podamos vivir de lo que deseamos hacer.
Yo lo hago cuando puedo, según lo que estoy viviendo, con quien elijo y por eso hago las obras que hago.
La ciudad tiene una particular forma de sostener la realidad tal cuál está. Los dispositivos de control institucional oprimen a las mayorías esclavizadas frente a un cúmulo de capas medias y altas letradas que son ejecutantes y cómplices del horror. Vivimos en el país de las lobotomías y el encierro, los suicidios y los femicidios. Quizá el hecho de que coincida que una mujer pobre realice sus prácticas artísticas y que ellas expresen la política de su intimidad, da a entender a algunas personas que esas prácticas son plausibles de nombrar como “artivismo”.
Soy una académica que también es activista feminista. Hago filosofía pero también soy una artista. Escribo pero también soy activista de la cultura libre. Platón me echaría de la pólis, Aristóteles diría que no es teatro, pero hace rato que estaría haciendo posporno con Hiparquia y Diógenes en el medio de la plaza. Entonces soy alguien que disfruta habitar las fronteras y goza con la extranjería.
Entonces soy y no soy “artivista” y todo ocurre al mismo tiempo. Entonces alejarse de la lógica lineal y comenzar a abordar lo complejo es fundamental para comprender las riberas de cualquier ciudad y, todo campo, no es más que una ciudad sitiada a punto de desmoronarse.
Quizá puedo decidir y decir qué es lo que hago y no asumir pasivamente la opresión de las categorías de un campo.
Quizá ese campo dista bastante de cuestionarse de verdad porque sería demasiado riesgoso para los intereses de quienes lo sostienen.
Quizá puedo dejar de legitimar las normas que me oprimen.
Quizá puedo decir basta y desertar exponiendo la estética de mi existencia.
Y quizá, algunas veces ciertas personas escuchan y respetan la ética de lo que hago y lo que digo.
Por eso quizá, soy y no soy artivista, y esa es la cuestión.



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